lunes, 13 de abril de 2015

¿Qué necesita un hijo? Mi experiencia




A raíz de una entrada en la que pedí a varias mamás blogueras que me dieran su opinión (de nuevo gracias a las que se tomaron la molesta de pasarse por aquí) me he parado a reflexionar sobre qué es lo que yo creo que necesita un hijo y sinceramente no es tanto. A ver, antes de que os tiréis a mi yugular aclarar que lo que yo comprendo como necesario, son las necesidades básicas, es decir un techo, sanidad, alimento, educación y amor.

Me parece que hoy en día nos dejamos llevar por la tontería consumista y nos liamos la manta a la cabeza mucho a la hora de comprar artilugios, sean para nosotros o para nuestros hijos. Me parece perfecto que alguien se quiera gastar 1000 euros en un cochecito para su bebé, yo no lo veo necesario y me parece un derroche. No creo que sea necesario comprar ropa de marca y mucho menos en temporada y sin descuento. No todo en esta vida es leche y miel, ni ternera y caviar.

Yo vengo de una familia muy humilde, en la que hemos vivido épocas muy muy duras. Cuando era pequeña hubo cumpleaños sin regalos, las actividades extraescolares tenían que ser gratis, aunque en determinadas épocas (3 cursos escolares no consecutivos en total) pudimos disfrutar de una actividad extra escolar que fuera de pago, siempre y cuando no superara cierta cuantía al mes. Mis padres no pudieron afrontar el gasto de una carrera, no obstante yo conté con todo su apoyo moral y económico, en todo cuanto pudieron. Cuando yo llegué a Friopais no tenía nada y la situación económica de mis padres era catastrófica con lo cual me tocó a mí ser su soporte durante un tiempo. Mis padres no me pudieron regalar el carné de conducir al cumplir los 18 años, he sido yo la que ha tenido que ahorrar y recortar en todas las esquinas para poder pagarlo.

¿Me hubiera gustado tener más cosas materiales de pequeña o haber disfrutado de ciertos privilegios? Pues sí. ¿Me entristece no haberlos tenido? Sinceramente no. Si hecho la vista atrás lo único que me apena es ver a mis padres cansados de tanto trabajar, y la falta de tiempo que tenía para estar con nosotras. 

Mi tesón, mi esfuerzo y mi capacidad de sacrificio son los que me han ayudado a tirar para adelante. Esas tres cosas las aprendí de mis padres, de su vivo ejemplo y queridas mías, eso no se compra con dinero.

3 comentarios:

  1. Totalmente de acuerdo con esta entrada. Yo tampoco tuve muchos caprichos de pequeña porque al igual que a tus padres a mis padres les costaba muchísimo costeárnoslos. Mi nivel económico ahora es mucho mejor que el suyo, sin embargo, eso no me da el derecho a derrochar. Cuando veo a los niños de ahora, se me cae el alma a los pies. La mayoría de ellos tienen todo lo que quieren y más y, sin embargo, no los veo más felices de lo que fui yo a su edad. Al revés, están siempre tan insatisfechos... ¡Qué pena!

    Un abrazo y ¡no cambies!

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    1. Me alegra no ser la única que no valora tanto lo material. Claro que hay ciertas necesidades, pero hoy en día hay mucho capricho y mucha tontería y la verdad es que a los niños les hacemos flaco favor...

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  2. Estoy muy de acuerdo contigo y actúo coherentemente al respecto con los míos. Y te digo que a mi alrededor veo a muchos chicos solos que los padres le compran el ultimo modelo de móvil para suplir sus ausencias.
    Buenas reflexiones. Coincidimos.
    Un saludo

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